Hasta ahora pareciera que
Asturias ha estado perdiendo el tren de la historia, corriendo detrás del último
vagón como hacían en las películas del oeste americano los vaqueros a caballo. Y
hoy día los trenes de la historia van demasiado rápidos para los caballos.
La sociedad asturiana, ya no
podemos hablar de asturianos porque mucha gente vino en los sesenta a Asturias,
tendría que hacer unos ejercicios espirituales, hoy día les llaman jornadas de
reflexión o de extramuros para ver cuáles son sus fortalezas y sus debilidades.
Todavía esta ahí presente el
siglo XX e incluso el XIX. En este último empezó la revolución industrial basada
en el carbón y el hierro que se afianzo durante el siglo XX. Asturias tenía
hierro y carbón, siendo la primera productora de este último con una gran
diferencia sobre el resto del país. ¿Qué hizo Asturias?, porque ya en el siglo
XIX la cuenca minera tenía alto hornos. Lo que hizo fue producir materia prima,
acero, pero no productos de valor agregado. Asturias producía hierro y acero y
otros hacían escopetas, cocinas, bicicletas, motos, vehículos, etcétera. Sería
bueno que Asturias mirase hacia sus vecinos del Norte con clima similar, paisaje
parecido y sin tanto carbón. El País Vasco usaba la materia prima para tener
muchas empresas pequeñas de productos con gran valor agregado y sigue siendo una
de las regiones con nivel más alto de vida a pesar de sus problemas internos.
Los gallegos no pescan en el Cantábrico solo, pescan donde haya pescado, aunque
sea en la Antártida y tienen hasta casas de moda por todo el mundo.
Vivo en Venezuela, donde el
petróleo ha sido el excremento del diablo para su desarrollo. El carbón en
Asturias ha sido el regalo que traían los Reyes Magos en la noche del 5 de enero
a los niños malos. Cuando voy a la cuenca minera, donde nací, estoy impresionado
de la calidad de vida y de la cantidad de grúas de construcción que hay. Cuando
pregunto de qué viven es de las prejubilaciones de la mina y de otras grandes
factorías como Ensidesa, y de las subvenciones por el carbón. Un carbón que
cuesta extraerlo unos 200 dólares la tonelada cuando se puede importar por 50.
Quo vadis, Asturias, con este sistema?
Asturias tiene que mirarse en
el espejo de Pego, ese espejo que le dice a uno que la cara que se ve en él es
la cara de su enemigo porque el peor enemigo es uno mismo. Y el peor enemigo de
Asturias son sus habitantes y no el Gobierno central. La impresión que tengo de
los gobiernos asturianos es de una relación cainita. Un continuo Caín / Abel. En
términos de telenovela una relación de amor y de odio con más de esto último. La
reflexión asturiana pasa por analizar si la envidia no juega un papel muy grande
en las relaciones de esa sociedad. Competir es sano si se logran resultados
buenos para Asturias. Si no, es mentalidad de cangrejo. Los cangrejos puestos en
una cesta no salen, porque cuando algunos lo están logrando los otros los tumban
al fondo de la cesta.
Asturias tiene que reflexionar
si sus universidades, escuelas técnicas, oficios, etcétera, están produciendo el
material humano que se necesita para el siglo XXI y si no, tiene que tomar
decisiones. La globalización puede mover capitales y materias primas muy
fácilmente. El dinero en segundos y las mercancías en horas o semanas. Pero la
globalización no puede mover naciones, pueblos, regiones. Ése es el punto débil
/ fuerte de la globalización. Débil para los capitales y fuerte para las
sociedades que tengan el capital más importante de todos, el ser humano,
preparado para que se inviertan los capitales en esa región. El capital viene
rápido, la maquinaria también, pero hace falta gente capaz, entrenada
profesionalmente, de grandes valores humanos, sobre todo ética y
responsabilidad. Después de los grandes fraudes del siglo XX y XXI como el
Banesto, Enron o Paramalat, lo más apreciado en un ejecutivo es la ética.
Asturias siempre tuvo buena materia prima humana en el sentido de dar gente
trabajadora y leal con sentido del honor. Hay una diáspora asturiana grande
sobretodo en Madrid, pero regada por el mundo. Hasta premios Nobel. Pero
tuvieron que ir a otros sitios para triunfar. ¿Será que un sitio tan lindo y tan
agradable para vivir y con una gastronomía sabrosa ahoga a su propia gente? Me
llama la atención que hasta en esa «Alonsomanía» que hay últimamente con el
campeón de Fórmula 1, él se queje de que en Asturias no lo ayudaron. ¿Será la
envidia cainita o la mentalidad de cangrejo lo que impide que Asturias salga con
fuerza en el pelotón de cabeza de España?
Las veces que he estado en
Suiza, y tuve que trabajar allá dos semanas en una refinería, me llamó siempre
la atención que se parece mucho a Asturias en el paisaje pero sin la mar. Está
más cerrada geográficamente que Asturias, pero tiene unas comunicaciones
excelentes. No produce cacao. Uno de los mejores cacaos del mundo es el
venezolano, que se lo vende a Suiza a un dólar el kilo y los suizos hacen
chocolates que los venden a 30 dólares el kilo. Venezuela le vende a Suiza el
acero inoxidable a un dólar el kilo y los suizos hacen relojes Rolex de acero
inoxidable que los venden a 2.000 dólares y no llevan ni 100 gramos de acero
inoxidable. No tienen carbón ni petróleo pero tienen una industria farmacéutica
basada en esas materias primas y tienen una ética calvinista tal que inspira
tanta confianza que todo el mundo pone su plata en sus bancos. Todo eso es valor
agregado y cuando los japoneses los quisieron tumbar con sus relojes, los suizos
vinieron con su creatividad y sacaron otros relojes.
Me fascina ver que la Duro
Felguera construye túneles por el mundo. Pero, ¿por qué los gobiernos asturianos
no construyen los túneles que necesita Asturias para estar bien comunicada con
la Meseta de la que puede ser su puerto natural? ¿Por qué tiene Asturias que
estar esperando que el Gobierno central haga todo?
El día que la sociedad
asturiana se mire en el espejo y reconozca que el gran enemigo es ella misma,
que Oviedo no tiene que competir con Gijón ni con Avilés, ni éstas con aquella,
sino que hay que competir en el mundo y eso requiere humildad para reconocer los
errores, buena formación de su gente en lo humano y lo profesional, confianza y
determinación en sí misma para saber qué se puede hacer, ese día Asturias será
un lugar hacia donde la comunidad mundial mire como referencia de excelencia.
Ya decía Séneca en Roma que si
un capitán de barco no sabe adónde quiere ir no llegara nunca aunque tenga el
mejor viento a su favor. A 10.000 km de distancia tengo la impresión de que a
Asturias le falta un liderazgo, un capitán que sepa aprovechar los buenos
vientos que siempre soplan en el mundo para quien los sabe aprovechar. Ojalá que
Asturias, en las respuestas al reto que lanza LA NUEVA ESPAÑA, encuentre un
liderazgo que la lleve a triunfar, aunque sea necesaria una lámpara de Diógenes
para buscarlo.
Escrito por Javier
Hernández, químico, fue director de la refinería de PDVSA en Curaçao
(Venezuela).
Fuente de información:
LaNuevaEspaña